bioconstrucción para la autoconstrucción Brian (Ziggy) Liloia via Compfight

A veces ocurre.

Una idea se abre paso con fuerza en las vidas de varias personas y es capaz de hacer que se encuentren para compartirla y darla forma.

Eso, más o menos, fue lo que ocurrió el pasado fin de semana en Becerril de Campos (Palencia). Una treintena de personas nos reunimos para hablar sobre autoconstrucción y bioconstrucción.

En esta ocasión, era yo quien tomaba la palabra para contar algo de lo que he aprendido y experimentado en los últimos años de andadura profesional y personal.

Fueron casi 8 horas de un primer curso de introducción a la auto-bioconstrucción en el que tratamos del entorno en el que se ubican nuestras viviendas y de su ambiente interior.

La convocatoria partía de la asociación In Agrum, una iniciativa recién constituida que echa a andar de la mano de 8 personas que han decidido apostar por apoyar los procesos de vuelta al campo poniendo a su disposición espacios para la formación en materias como la nutrición, la agricultura, la ganadería o la bioconstrucción, bajo el prisma de la economía social y solidaria.

Desde muy diversas perspectivas personales y, cada vez más, grupales y comunitarias, los asistentes al curso de auto-bioconstrucciòn, compartían la experiencia de un cambio de estilo de vida que, por diferentes motivos, les llevó a cuestionarse cómo habitar.

La propia vida se convierte entonces en impulso para aprender a vivir de forma más consciente. Con la premisa de aprender haciendo, este curso fue la excusa para facilitar un encuentro en el que se sentaran las bases de la bioconstrucción entendida como el proceso de construir con la vida.

Una bioconstrucción que no se agota en la técnica y que tiene en la naturaleza su referencia.

Partiendo de la propuesta de las 5 pieles de Hundertwasser y de la comprensión de la piel como espacio de relación, enlazamos brevemente con algunos de los conceptos desgranados en La trama de la vida por Fritjot Capra.

En este primer encuentro quisimos conocer mejor el ambiente que envuelve nuestras viviendas, tanto exterior como interiormente.

Desde los desequilibrios introducidos por el hombre en el ciclo biológico en el que la vida se ha desenvuelto y en el que él mismo ha evolucionado moldeado por influencias cósmicas y telúricas, hasta el análisis del estado actual del medio ambiente de nuestras ciudades, donde casi vive el 70% de nuestra población.

Llegamos a la conclusión de que nuestro actual estilo de vida está destruyendo los pilares de la propia vida y de que no podemos vernos ya como entidades separadas de este medio ambiente alterado y enfermo.

Urge un cambio hacia una nueva consciencia que sólo llegará ejercitando una mirada abierta, diversa, conectada y holística. Como la propia vida.

Entendimos la estrecha relación existente entre la temperatura, la humedad, la ventilación y el electroclima del ambiente interior y el motivo por el que, pasando hasta el 95% de nuestra vida en espacios cerrados, estamos expuestos de forma crónica a una contaminación ambiental que puede ser varias veces superior a la exterior.

Un pequeño taller de medición de campos electromagnéticos, en el que se visibilizó la intensidad de los producidos en el ámbito doméstico, suscitó la cuestión de la importancia de la información para la toma de decisiones y la necesidad de actuar de acuerdo con el principio de precaución.

A pesar de la gran cantidad de información que manejamos, quienes se acercaron a escucharme agradecieron el enfoque de esta primera parte del curso en el que oyeron hablar, sobre todo, de biología y de ética, de entornos y ambientes. De vida, al fin y al cabo.

Dentro de un mes volveremos a vernos para entrar de lleno durante 3 días en otras cuestiones, quizás más técnicas e inmediatas. Será el momento de acercarnos a los materiales, los sistemas constructivos y las instalaciones biocompatibles.

Y, por supuesto, para hablar de autoconstrucción y de cómo recuperar criterios y acciones para la autogestión de nuestros cobijos.

Pero, especialmente, volveremos para celebrar la posibilidad de encontrarnos de nuevo para cuidar la semilla recién sembrada del proyecto de In Agrum y su apuesta por favorecer el aprendizaje de otra forma de habitar.

Una apuesta necesaria, urgente y apasionante.

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